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La heroína

En 1883, Dreser, un químico alemán, aisló un opiáceo nuevo gracias a la acetilación del clorhidrato de morfina, la diacetylmorfina.

 

La acción de esta nueva droga sobre las vías respiratorias era tal, que se creyó que había sido vencida definitivamente la tuberculosis, por lo que se le dio el nombre de heroína. La heroína sin refinar se conoce como brown sugar (azúcar moreno); y ya refinada como horse o H.
La heroína sin refinar es un polvo granulado color canela; ya refinada es un polvo blanco, fino y cristalino
Como todos los opiáceos de venta ilícita, la heroína puede adulterarse con quinina, lactosa, azúcar, bórax y otros fármacos depresores del SNC como barbitúricos y sedantes o contaminarse con bacterias, virus, hongos o partículas.

Por lo general, la heroína se disuelve en agua y se inyecta directamente en las venas, aunque también puede ser inhalada, aunque no es tan habitual.

Los efectos de la heroína comienzan entre los 3 y los 5 minutos después de haber sido inyectada o inhalada y duran entre tres y cuatro horas. Al llegar al cerebro la heroína ocupa los receptores opioides, principalmente los receptores “mu”, que funcionan en el área de la analgesia y deprimen la respiración, y los receptores delta que, según teorías recientes, pueden estar más vinculados con el estado anímico.

A partir de su aparición, la heroína se utilizó principalmente para tratar la tuberculosis por su capacidad para suprimir el reflejo de la tos. Pronto se vio que su efecto anestésico no era mayor que el de la morfina, pero era más activa, por lo que podía utilizarse en dosis menores logrando el mismo efecto con las consiguientes ventajas a nivel de acumulación en los tejidos. Sin embargo, algo más la diferenciaba de la morfina: ciertos efectos estimulantes y no sólo analgésicos, por lo que durante mucho tiempo se recomendó como cura para el hábito producido por la morfina. Actualmente el clorhidrato de heroína se utiliza muy poco, sólo como antitusígeno en casos severos.

Según describe Escohotado, las primeras administraciones de heroína se reciben con manifestaciones de fuerte desagrado, entre las cuales destacan náuseas y vómitos. La sensación inicial se conoce como rush, una estimulación placentera e inmediata de los centros nerviosos de la parte superior del cerebro:

La tolerancia provocada por la heroína es alta y se desarrolla con relativa rapidez. Lo mismo sucede con la dependencia psíquica y fisiológica. Para experimentar una necesidad física apremiante bastan alrededor de cinco semanas de usar diario un cuarto de gramo.
En la terminología propia de los usuarios de la heroína, cuando alguien asegura que "tiene el mono”, está sufriendo un síndrome de abstinencia. Deseos físicos y psíquicos de volver a tomar la sustancia.
A los consumidores de esta sustancia intravenosa, se les llamó Junkies por uno de los libros de  William Burroughs.

¿Qué hacer en caso de emergencia?


La intoxicación por heroína se caracteriza por miosis en grado máximo (las pupilas se ven del tamaño de la punta de un lápiz), náuseas, vómito, depresión de los sistemas respiratorio, circulatorio y digestivo.

La mayoría de los casos de sobredosis pueden atribuirse a dos factores: el primero a la mala apreciación de la tolerancia en los consumidores que, tras largos periodos de administrarse una dosis alta, sufren un periodo de abstinencia y vuelven a usar la misma dosis que acostumbraban; o un suministro repentino de heroína sin adulterantes que implica una dosis mayor a la habitual. En casos de gravedad se produce un colapso respiratorio, coma y muerte, por lo que resulta indispensable la intervención médica y no permitir que el sujeto se duerma, ya que hay peligro de muerte por asfixia.

La naloxona Narcan®, en dosis de 4 mg por vía intravenosa, intramuscular o subcutánea, actúa como antagonista de los efectos producidos por la intoxicación aguda, pero no resuelve el síndrome de abstinencia. Si no hay respuesta después de 3 dosis de naloxona aplicadas en intervalos de 3 minutos, es posible que otra droga esté implicada o exista alguna enfermedad.

Si la droga fue ingerida y el individuo está consciente, se recomienda dar carbón activado disuelto en agua y provocar el vómito. Posteriormente se recomienda un lavado gástrico. Si fue inyectada se utilizan compresas de hielo en el sitio de aplicación para disminuir el flujo capilar sanguíneo. En ambas las circunstancias se recomienda mantener caliente al paciente y darle de beber café negro fuerte.
Recordar que La heroína es una sustancia prohibida y muy peligrosa. En la práctica, esto significa que no hay autorización alguna para comercializar la heroína con fines recreativos. Sus fines científicos y médicos virtualmente no existen. Para abandonar una adicción como la que produce la heroína, no es suficiente dejar de consumir, es necesario reponerse del daño que haya podido ocasionar dicho consumo a todos los niveles; desde el físico hasta el psicológico. La conducta adictiva es tan fuerte que requiere de un trabajo a largo plazo para volver a restructurar los valores.
Según los autores, en ningún caso es más crucial que con la heroína y la Cocaína reprogramar los patrones de onda cerebrales que han suprimido las frecuencias normales durante tanto tiempo como para afectarlas masivamente.

Una última cuestión es en la relación entre el consumo de azucar y la heroína:
Los adictos a la heroína son notorios por su gusto al azucar. Fisiológicamente, esto viene por una necesidad de combustible para el cuerpo. La heroína interrumpe masivamente el metabolismo corporal, deprimiendo el apetito normal. Algún mecanismo de supervivencia en el cerebro alerta sobre la falta de combustible, y el azucar es la manera más rápida de conseguirla.

 Referencia: Katina Malpica

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